Cada pieza surge como un fragmento de paisaje:
superficies irregulares, planos definidos,
relieves que cambian con la luz.
La plata y el oro aparecen como capas minerales,
como restos de una geografía silenciosa.
Hay algo escultórico en estas formas.
Sólidas, esenciales, contenidas.
Pequeñas esculturas que transforman el metal en relieve,
donde cada quiebre revela una nueva superficie.